2 de julio de 2011

Dos mil flores de azúcar adornaron la torta nupcial de Alberto y Charlene de Mónaco

Dos mil flores de azúcar coronan hoy la tarta nupcial que ofrecieron los príncipes Alberto II y Charlene de Mónaco a sus 500 invitados con motivo de su boda religiosa, un pastel de siete pisos, en metro y medio de diámetro y dos y medio de alto, informaron fuentes del Principado.

La flor en cuestión, una protea, símbolo nacional sudafricano, que completaba una tarta "esponjosa de almendras, con una fina compota de grosellas y una mousse ligera de vainilla, recubierta de chocolate blanco y de algunas perlas de grosella".

"Tan rico como simple en su intención", apuntaba el comunicado, según el cual el banquete, servido en la Ópera Garnier, requirió también 150 kilos de pescado de diez tipos diferentes, 50 kilos de fresas, 30 de moras y 20 de frambuesas, así como 100 litros de leche para elaborar el helado que acompañaba otro de los postres.

Como entrada, el "barbagiuan", una suerte de raviolis de pasta muy fina, rellenos de espinacas, puerros, cebolla, perejil, albahaca y, entre otros ingredientes, huevo y queso parmesano, para un interior "tierno y verde".

A continuación, y en un plato "grande, ovalado y generoso", hortalizas y mújol marinado, pescado por Gérard Rinaldi, de la última familia de pescadores en Mónaco, con los que se vislumbró "una verdadera arquitectura vegetal, un juego sutil de superposiciones y asociaciones tiernas y crujientes".

El menú prosiguió con trigo cocinado con zanahorias, corazones de alcachofas, puerros, guisantes, apio y, entre otros, champiñones, "un homenaje a la cocina sana, modesta y sabrosa (...) que juega con texturas y cocciones sutiles".

Y antes de pasar a los postres, "sobre un lecho de patatas, la pesca local es invitada con toda su simplicidad", con un revuelto de langostinos, dorada, lenguado o pulpo, que según las intenciones del chef, "transporta a las escenas míticas de las antiguas riberas, relumbrantes y repletas de azul".

El primero de los dos dulces servidos, en una copa de cristal y sobre una delicada gelatina de fresas escasamente azucaradas, frambuesas y fresas recogidas la misma mañana de la boda religiosa, haciendo honor esta vez a uno de los colores nacionales del Principado.

La mesa de honor estuvo dispuesta en forma de "T", y situó en la barra transversal a Alberto II, a Charlene y a sus respectivas familias, mientras que en la parte perpendicular acogió a los jefes de Estado y miembros de las familias reales.

El resto de invitados, según se ha informado, fueron repartidos en mesas redondas de diez asientos, que tras degustar la cena podrán disfrutar del espectáculo de fuegos artificiales y del baile con el que se da por clausurado el día.


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