16 de enero de 2012

Según un historiador, Alfonso XIII de España no era hijo de la reina María Cristina


El historiador Norberto Mesado defiende que el abuelo del rey Juan Carlos es hijo de una mujer valenciana que, a cambio, crió a la niña que dio a luz que la reina María Cristina de Habsburgo dio a luz en 1886.





Alfonso XIII, el abuelo del rey Juan Carlos de España, no es hijo de quien la historia dice, según el historiador Norberto Mesado. El monarca que reinó desde su nacimiento, en 1886, hasta su derrocamiento en 1931, sería, según las investigaciones de Mesado, de una mujer castellonense llamada Adela, a la que Alfonso XII había convertido en su amante.

"La gente con cierta edad de Les Alqueries", informa Mesado, "que llegó a conocer a la propia Adela y a su hija me contó que Alfonso XII se quedó prendado de una joven guardabarreras bellísima, Adela, cuando el séquito real paró en la estación del Norte de Burriana. A partir de entonces se convirtió en su amante y Alfonso XII mandó a su marido, un rico hombre de Vila-real, a la guerra de Cuba, donde murió, y no regresó nunca más".

Toda su investigación está revelada en su libro Adela. La última amante del rey romántico. Entre la historia y la leyenda. El que fuera director del Museo Arqueológico de la Plana Baixa decidió hace más de una década investigar y estudiar la vida de una misteriosa mujer considerada por unos una gran señora y por otros una fulana.

Mesado decidió averiguar quién era realmente Adela entrevistando a los vecinos de más avanzada edad de Les Alqueries, que ya han fallecido, y todos estuvieron de acuerdo en afirmar que fue durante años la amante del rey Alfonso XII. 

Sus confesiones no quedaron ahí y, en voz baja y con sigilo, le aseguraron que hubo un cambio de bebés y que realmente "Adelita", la que era considerada como su hija, lo era de la reina María Cristina, ya que el hijo de Adela fue entregado a la corte real para pasar a la posteridad como rey Alfonso XIII.

Para Mesado la clave que demuestra que sí hubo un intercambio de bebés está en el Pacto del Pardo, del que los historiadores de la época no supieron explicar su contenido por el enorme secretismo que lo rodeó. 

Mesado refrenda la hipótesis de que fue allí donde se tomó tal decisión tras morir Alfonso XII, "ya que la reina María Cristina tenía dos hijas, las infantas, y se quedó embarazada antes de morir Alfonso XII sin asegurar la descendencia de un varón, así que se dicen que Cánovas del Castillo, ante la amenaza de republicanos, liberales y carlistas, se reunió con Sagasta para darle el mando y eso fue a cambio de que guardase tal secreto". 

Tras esta decisión, "Adela será desterrada a Barcelona por la reina regente y se irá acompañada de una criatura que prácticamente nadie sabía quién era, y de un pequeño séquito de criadas", recoge este historiador en su nuevo libro.

"En una de las entrevistas a Lola Serra, descendiente de una prima hermana de Adela, cuenta que Alfonso XII había muerto en los brazos de Adela y, si miramos la historia, se dice que, estando ya muy grave el rey, Cánovas le prohibió a María Cristina y a la reina Isabel II, su madre, entrar en la habitación, cosa inexplicable si no es porque el rey estaba acompañado por quien él más amaba", relata.

Adelita nunca supo de quién era hija, "ya que su partida de bautismo deja en blanco los apellidos de sus padres y abuelos". La que ejercía como tal nunca le quiso confesar su más hondo secreto, así lo asegura una de las hijas de Adelita, Rosalía Fenollosa, quien vive en Barcelona, y guarda el diario personal de su madre, en el que esta muestra su angustia por la misteriosa historia que rodeó su vida, aunque da por verdadera la historia que narra Norberto Mesado.

"Mi madre tenía un cerrojo en la boca, no quería recordar a mi abuela, porque ella también lo tenía. Muchas veces se le ponía de rodillas y le suplicaba que le dijese quién era ella, cosa que nunca consiguió saber", recuerda la nieta de Adela en el libro.

Y es que nunca tuvo respuesta a la pregunta de si ella era verdaderamente la tercera infanta de España a la que dio a luz María Cristina. En su lecho de muerte en el Hospital Provincial de Castellón, las relaciones entre ambas eran frías y distantes, pero "Adela ordenó a una monja, que la cuidaba, que mandase un telegrama a su hija para que corriera al hospital a confesarle su secreto. 

El telegrama llegó a la casa del amante y no de su hija y cuando se lo comunicaron ya era tarde porque Adela había fallecido", recoge Mesado. Murió sola y pobre sin ningún vestigio del lujo que rodeó su vida. Sus restos descansan en una fosa común del cementerio de Castellón. 


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